jueves, 29 de septiembre de 2011

Costes y beneficios de la descentralización


La semana pasa participé como ponente en la conferencia titulada "Los costes y beneficios de la descentralización. Una perspectiva comparada", organizada en Zaragoza por la Fundación Manuel Giménez Abad. El evento tuvo lugar en la sede de las Cortes de Aragón, dentro del magnífico Palacio de la Aljafería.

Debo agradecer la invitación que me hizo el director científico de la conferencia, Julio López Laborda, Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Zaragoza. Por supuesto, también la hospitalidad de la Fundación. Fue un auténtico placer hablar y debatir con colegas españoles y alemanes sobre el federalismo en los dos países, además desde una perspectiva plural que incluía la Economía, el Derecho o la Ciencia Política, entre otras disciplinas.  

En este enlace se puede ver el vídeo de la conferencia y aquí algunos resúmenes de prensa. Mi opinión sobre algunos de los temas que se trataron ya la expuse aquí.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Defendiendo el Impuesto sobre el Patrimonio en la tele

Vídeo de la entrevista que me hizo Juan Neira en La Lupa de Canal 10 TV Asturias (minuto 15).

Como veréis, soy partidario de recuperar el Impuesto sobre el Patrimonio que se supendió en 2008.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Indigno y desleal (sobre el ataque al Centro Niemeyer)


A propósito del Centro Niemeyer de Avilés parecía ya todo dicho. La oposición inicial del PP, con el alcalde de Oviedo a la cabeza, era cosa del pasado. Por la fuerza de los hechos, esa incredulidad inicial se convirtió en aceptación vigilante. Pero no era suficiente.

Parecía que el proyecto -ahora ya realidad- se asumía como un éxito de visitantes y programación (ahí están las cifras y los nombres ilustres). Y todo gracias a un amplísimo apoyo ciudadano (por no decir unánime) y una austeridad presupuestaria digna de ser reseñada (sin ir más lejos, la obra costó la décima parte que la Cidade da Cultura de Santiago o el edificio de Calatrava de Oviedo). Pero tampoco bastaba eso.

La ilusión que genera el Centro Niemeyer no es la de creyentes cegados por la fe, sino la de una ciudadanía entusiasmada. El nombre de Avilés se escucha con fuerza en los circuitos culturales internacionales, ocupando hasta páginas de ilustres diarios en Londres, Nueva York o Río de Janeiro, por citar sólo algunos ejemplos. Nuestra ciudad por fin parece haber encontrado el complemento perfecto a su monumental casco histórico-artístico y a su potente industria. Y digo complemento porque significa justo lo contrario de sustituto. Todo ello configura el Avilés del siglo XXI. Pero ni con esas.

Con un proyecto consolidado y fuera ya de discusión, ¿por qué viene ahora el gobierno de Álvarez-Cascos a querer desmembrar lo construido? Y obviamente, no me refiero al hormigón, sino a todo lo intangible, lo realmente valioso.

No conozco en persona a Natalio Grueso ni a nadie de su equipo. No me hace falta para poder ensalzar y reconocer su acierto en los canales abiertos por el mundo, así como en la programación diseñada hasta el momento. Igual que de justicia es reconocer el fundamental impulso político dado por el presidente Areces, así como todo lo que viene a sumar Manolo Díaz como presidente del Patronato, añadiendo aún más prestigio internacional y valiosos contactos. Todos estos son hechos incuestionables y, por ello, deberían ser motivo de orgullo para Avilés y para Asturias. Y sin embargo, no les sirven.

No pretendo caer en el elogio gratuito (y si lo puede parecer, lo retiro). Pero menos aún me atrevería a lanzar graves imputaciones si antes no dispongo de ciertos datos que, quien las lanza, incluso reconoce no tener. La acusación sin pruebas puede degenerar en calumnia o difamación. Todos cometemos fallos, pero no es menos cierto que no todos los errores son garrafales ni todos acarrean las mismas consecuencias. Intentar poner en solfa una buena gestión, reconocida incluso fuera de nuestra tierra, me parece un despropósito. Un lujo innecesario. Envidia como deseo de algo que no se posee, pero que se pretende usar como si fuera propio.

Ni que decir tiene que las cuentas de la Fundación Niemeyer hay que fiscalizarlas hasta el último euro. ¿Quién no va a suscribir esta evidencia? ¿Hay alguien más que ponga en duda que no se estuviese haciendo ya dicha auditoría, básica y obligatoria, por otra parte?

¿Transparencia? Toda, faltaría más. Pero con dignidad, lealtad y respeto a las formas y los procedimientos. ¿Cómo si no se debe entender la exigencia de hacer pública la agenda de Natalio Grueso? ¿Por qué no le piden también una copia de la llave de su casa? No confundamos nunca la necesaria transparencia con la represalia interesada o el ensañamiento.

La alcaldesa de Avilés (que no del PSOE, sino de todo Avilés) no debería ceder en esta pugna que es la de una ciudad entera por su futuro.
 
Publicado en La Voz de Avilés el 15 de septiembre de 2011

lunes, 12 de septiembre de 2011

Fútbol y farmacias

Este verano (es un decir) nos topamos con dos curiosas huelgas. La de futbolistas dejó a España sin la primera jornada de Liga, alivio para muchas personas y drama para bastante gente (todo es relativo). Yo aposté a que la segunda jornada se disputaba como fuese, aunque para ello tuviesen que intervenir el Presidente del Gobierno (como 'ministro' de deportes), el Rey (un campechano deportista) o hasta el Papa (de ruta por Madrid). Fútbol es fútbol, ya se sabe.

Yendo al fondo del asunto, entiendo las razones de los chavales que llevan meses sin cobrar su sueldo, mientras los clubes dilapidan en caprichos. Lo que no me creo es el apoyo de Casillas, Puyol y compañía a esta 'causa' que en modo alguno es la suya. ¿Acaso ven peligrar sus privilegios? ¿Tienen miedo de que les rebajen un milloncejo de euros al año? A lo peor soy un malpensado y realmente apoyan a los jugadores impagados, pero me cuesta creerlo, de verdad. Una cuenta sencilla: la deuda de los clubes con 200 futbolistas asciende a 50 millones de euros, la mitad de lo que costó el fichaje de Cristiano Ronaldo o menos de lo que gastó este verano en fichajes el dueño del Málaga C.F. Por cierto, los clubes de primera y segunda deben a Hacienda y a la Seguridad Social casi 6.000 millones de euros, pero no veo a un solo aficionado reclamando esa deuda que es la de todos. Ni siquiera ahora que el Estado necesita mucho ese dinero.

Y luego las farmacias. En Castilla-La Mancha amenazaron con el cierre total si el Servicio de Salud no pagaba las facturas acumuladas. Hasta ahí, de acuerdo, puesto que nadie trabaja por amor al arte en su negocio y, al fin y al cabo, las farmacias son eso, un negocio. Lo que me enerva es el hecho de que se vuelva a utilizar a la ciudadanía en un conflicto laboral o mercantil, en este caso amenazando con cortar el suministro de medicamentos.

Creo que ha llegado la hora de que las farmacias dejen de ser cortijos particulares y que se abran a la competencia. No veo por qué una persona titulada en Farmacia no puede abrir un establecimiento propio si cumple todos los requisitos legales, mientras que una persona con título de Medicina, Fisioterapia o Enfermería sí puede hacerlo. ¿Cuál es la motivación que justifica esta desigualdad de trato? Menos entiendo aún que haya farmacias gozando de las rentas de monopolio u oligopolio, pero que luego aleguen una supuesta moral para no dispensar algo básico como unos preservativos. En ese caso, lo lógico sería una multa o hasta la retirada de la licencia administrativa.
 
Publicado en La Voz de Avilés el 10 de septiembre de 2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

Chigres y arenescos


En Las Malvinas todavía huele a parrilla. Mi ruta se encamina ahora hacia la playa de Los Quebrantos, donde puedo rezar en el Vaticano y cumplir penitencia laica ante Peter, el Pedro con las llaves de un cielo lleno de bígaros.

Como el día no acompaña, retorno sobre mis pasos en paralelo al carril bici. Supero la pista de partidos y pelleyus, alcanzando por fin La Escollera para una nueva recalada. Aunque, pensándolo bien, se me había olvidado tomar la arrancada en el Miramar (los Chepos de toda la vida) y en El Patio de Má, donde Cuba está presente. En El Pescador vuelvo a preguntar cómo pudieron cocer aquel llubricante cuyas pinzas parecían brazos humanos. No me contestan. Secreto profesional.

En la zona de la rula tengo que pensar si voy al Peñón, al Barómetro, al Sibarita o a Casa Gil. Aunque mirándolo bien, ¿por qué elegir? Siempre nos están obligando a escoger entre blanco o negro, izquierda o derecha, playa o montaña. Digamos que esta vez me quedo con todos y no cambio a ninguno por nada.

Se me agotan las fuerzas, pero no del todo. Todavía tengo tiempo (poco) y dinero (menos aún) para tirar un Serazo y, si sale mal la pesca, fiarlo todo al Plan B. A fin de cuentas, siempre me puedo ir a Escondidas, enfilando La Deva, mientras me sigo preguntando por enésima vez qué rayos se guarda en el piso de arriba del Ánfora.

La nostalgia de otros tiempos me hace acordarme del África, La Resaca, El Cruce, La Reina y alguno más. Ahí está el nuevo Gurugú, heredero de la tradición del clásico, con horizontes ampliados hacia el wifi y las canciones de karaoke.

Vamos ya terminando la ronda. Café y partida en La Arena de Mayés, música de Juanín en La Cervecería, sidra con Orbayu en el Blanquito y todo por descubrir en el Barique.

Y al final, el principio. Detrás de esa barra con solera del Sharon hay grandes momentos y unas fotos que mejor no enseñar hasta que prescriban las maldades. Joaquín me dio la idea, así que gracias. Si después de este periplo por L'Arena alguien logra sobrevivir a la chispera o consigue tener una resaca aceptable, creo que habrá merecido la pena.
 
Publicado en La Voz de Avilés el 5 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sobre constituciones y déficit


http://www.sintetia.com/
El Presidente del Gobierno tiene una demostrada capacidad para sorprendernos, cosa que a mí me no me parece mal, siempre que no abuse de ella, claro. Lo cierto es que su propuesta de reforma parcial de la Constitución Española (CE) para introducir el principio de estabilidad presupuestaria me pilló de vacaciones (como a media España, imagino).

Reconozco que la propuesta me dejó bastante frío. O más bien templado, ya que no tenía muy clara la opinión sobre una enmienda que, a mi juicio, no aporta valor añadido con respecto a lo que ya contempla la vigente normativa de estabilidad presupuestaria. Trataré de explicarme ofreciendo algunos argumentos de distinto tenor.

En primer lugar, constato la obviedad de que ‘querer es poder’. O de cómo se puede cambiar una Norma Fundamental en poco más de una semana si hay voluntad para ello (en otro orden, lo mismo podríamos aplicar a la agilización de infraestructuras, trámites burocráticos o pleitos judiciales). Eso sí, necesitamos buenas dosis de lealtades inquebrantables y muchos sapos tragados. Pero esa es otra historia.

En segundo lugar, sobra decir que las constituciones no tienen poderes taumatúrgicos. ¿Alguien se cree que un especulador va a renunciar a una potencial rentabilidad adicional de 100 puntos básicos porque España haya modificado su Constitución? Como señal de rigor es correcta, pero también significa el reconocimiento de nuestro propio fracaso.

Por ejemplo, ¿qué pasará cuando una Comunidad Autónoma contravenga el nuevo mandato constitucional? Uno: podría haber una sanción pecuniaria, algo lógico, pero poco creíble, dados los antecedentes en España y en la propia UE. Dos: podría no pasar nada, lo más probable, en el supuesto de incumplimiento generalizado. O tres: en el extremo, podría aplicarse el mecanismo excepcional del artículo 155 CE, algo ciertamente inverosímil, dada nuestra idiosincrasia política.

¿Y si España fuese sancionada por la UE por haber rebasado los límites del Pacto de Estabilidad y Crecimiento? La reforma constitucional deja abierto e indefinido el reparto interno de esa responsabilidad por incumplimiento entre los tres niveles de gobierno.

Recordemos que el principio de estabilidad presupuestaria está en la normativa homónima desde 2001 y, desde 2011, también aparece el objetivo de sostenibilidad presupuestaria en la Ley de Economía Sostenible. Este último se define para todas las Administraciones Públicas y empresas públicas como “la capacidad para financiar los compromisos de gasto presentes y futuros” (artículos 32 y 35). La misma Ley de Economía Sostenible recoge postulados en materia de cooperación entre Administraciones Públicas (artículo 33), austeridad en el gasto público (artículo 34) y rendición de cuentas de las Entidades Locales (artículo 36). En pocas palabras: si está todo tan detallado y elevado a rango de ley, ¿para qué esta reforma constitucional, ahora y con tanta urgencia? Me parece redundante o, cuando menos, apresurada.

Supongamos (es otra obviedad) que el Banco Central Europeo se avino a comprar deuda española, a cambio de exigir a España medidas claras de austeridad (como si no se hubiesen hecho ya bastantes) y reformas estructurales contundentes (como si no se hubiesen pergeñado ya algunas de calado, entre otras, la del sistema financiero o la de la legislación laboral). Si es así, está claro quién manda en la UE y en la Eurozona, haciendo buenas las palabras de Fuentes Quintana en tiempos de la Transición: “‎o los demócratas acaban con la crisis o la crisis acaba con la democracia”.

Aprovechemos para reivindicar, una vez más, la imperiosa necesidad de que la unión monetaria sea también una unión económica, algo que no alcanzará nunca sin ‘eurobonos’, sin un potente presupuesto común o sin una política fiscal armonizada (basada en tributos “simultáneos y diferentes, pero acordes”, según señala el Diccionario de la RAE).

Se deja para una futura ley orgánica la propia definición del concepto de déficit estructural, así como los objetivos concretos para esta magnitud y para la deuda pública. Esto me parece bien porque flexibiliza en parte la exigencia (aquí el mérito es del candidato socialista Rubalcaba), pero al tiempo también es otra trampa al solitario, ya que vuelve a hacer dicha enmienda constitucional innecesaria.Bastaría con retocar la actual legislación de estabilidad presupuestaria, sin mover una coma de la CE, esa misma que hasta ahora parecía inmutable.

Por cierto, puestos a abrir un "melón" constitucional, en serio y sin complejos, se podría reescribir la CE para disponer de una vez de un auténtico Senado, un mapa municipal y provincial racional, unas Comunidades Autónomas con nombre propio, una clara referencia a la pertenencia de España a la UE y, si me apuran, hasta un Presidente o una Presidenta de la República.

Por lo que se refiere al reparto de objetivos presupuestarios entre niveles de gobierno, sí me manifiesto a favor. Veo positivo que se deje un mayor margen de déficit a la Administración Central, puesto que es la que maneja los principales instrumentos de la política de estabilización (sí, ya sé que soy muy ‘musgraviano’ en este punto). Un 0,26% del PIB para el Estado, un 0,14% para el conjunto de las Comunidades Autónomas y equilibrio presupuestario para las Entidades Locales (se entiende que para el agregado de todas ellas). Pero todavía falta por dilucidar el ajuste fino para cada uno de los gobiernos a título individual.

Desde ahora, los gobiernos nacionalistas o las alcaldías más populistas tendrán muy difícil argumentar una supuesta invasión de su autonomía financiera. Y los gobiernos –todos- de cualquier signo político verán frenadas sus tentaciones de acometer una irresponsable política de endeudamiento, ya que tendrán que jugar más activamente con los impuestos y los gastos –con ambos- para equilibrar el presupuesto.

De las malas formas, casi mejor no hablar. Se plantea la proposición con ‘agosticidad’ (los especuladores no descansan ni en verano), algo de alevosía (sabiendo segura su aprobación) y fiando los resultados a largo plazo (nada menos que hasta 2020). Se hace además sin contar con el pueblo español. Por eso alzo la voz para exigir que la representación política no debe nunca equivaler a una sustitución pura y dura de la voluntad ciudadana directa. Aunque pensándolo bien, igual tenía razón Borrell cuando dijo aquello de que “los referéndums los carga el diablo”. Quizás estaba pensando en que no iría a votar casi nadie o, peor aún, intuyendo que la reforma iba a ser rechazada por los profanos votantes.

Publicado en Sintetia el 1 de septiembre de 2011 y en La Voz de Asturias el 6 de septiembre de 2011.